Hace poco vi una especie de documental que en realidad es como la extensión audiovisual de un libro llamado Freakonomics. Al parecer el libro tuvo mucho éxito, y a alguien se le ocurrió que sería buena idea llevar una parte de él a un público todavía más amplio a través del cine, seguramente porque el público que lee es apenas una fracción del público que ve cine… aunque pensándolo mejor tal vez no sea esta la razón porque el público que ve documentales es apenas una fracción del público que prefiere ver cualquier cosa menos documentales. En fin; la cosa es que hicieron una parte de Freakonomics en película y yo la vi y me pareció muy interesante, si bien una o dos de sus propuestas no me convencieron del todo. Pero por si no están familiarizados con Freakonomics, he aquí una de sus tesis:

Durante décadas la ciudad de Nueva York fue considerada una de las más peligrosas del mundo, pero un buen día dejó de serlo, como por ahí de 1998. De repente Nueva York dejó de tener aquellos índices de criminalidad que tanto espantaban al mundo, y no sólo Estados Unidos sino el planeta entero alabó a Rudolph Giuliani como el alcalde maravilla que había acabado con el crimen en la gran manzana. Es más, recuerdo que hasta alguien lo trajo a México D.F. para que nos diera consejos sobre seguridad pública. Y también recuerdo que sus consejos sirvieron para pura madre, porque nuestra ciudad siguió tan insegura como siempre después de su visita (siendo honesto, no sé si porque sus consejos fueron ineficaces o porque no se aplicaron bien o si porque de plano ni se aplicaron). En fin, el asunto es que N.Y. un buen día amaneció sin crimen o, en todo caso, con unos índices de criminalidad muy inferiores a los acostumbrados, y todo el mundo supuso que esta mejoría era fruto de acciones políticas y administrativas. Pero tiempo después a alguien se le ocurrió analizar esas políticas de seguridad pública y se encontró que en N.Y. no se hizo nada nuevo, nada que no se hubiera hecho antes ahí o en algún otro lugar, nada que hubiera comprobado ser eficaz antes o después. Y entonces, ¿qué pasó en N.Y.?

Los autores de Freakonomics proponen algo espeluznante: La legalización del aborto a principios de los setentas en E.U. evitó que naciera la siguiente generación de criminales porque, según dice la tesis que todos hemos oído alguna vez, si un niño es no deseado, muy probablemente crecerá mal atendido y mal educado y será más propenso a convertirse en un criminal al alcanzar cierta edad. Entonces fue el uso generalizado del aborto a partir de los setentas lo que salvó a N.Y., según esta teoría, al evitar el nacimiento de quién sabe cuántos miles de criminales en potencia.

Se puede estar de acuerdo o no, pero indudablemente da que pensar. Ahora contrastemos esto con algo que vi en la tele hace unos días mientras me paseaba por los canales: En un programa que se llama no sé si El Pulso del Papa o El Pulso de la Fe, el anfitrión decía que en México el gobierno se había dedicado a “expulsar a Dios del país” durante los últimos 150 años (y debo decir que por más que pensé no se me ocurrió nada además de Juárez y la Guerra de Reforma y Calles y la Guerra de los Cristeros, pero esto sólo satisface como los primeros 75 de ese supuesto período de 150 años aunque, claro, yo de historia realmente sé muy poco), y luego indicaba que la consecuencia de esto ha sido la terrible escalada de la violencia que hemos vivido en los últimos años. En otras palabras, lo que el anfitrión de ese programa propone como solución al crimen en nuestro país es la religión, o la fe, o algo así, la verdad es que ya no supe porque cambié de canal.

¿Aborto o espiritualidad? Yo digo que… Yo no digo nada.

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