Normalmente no sueño. Quiero decir, normalmente no recuerdo mis sueños. Todo el mundo sueña, por supuesto, y entiendo que, aunque se sabe muy poco todavía sobre los porqués del sueño, lo que hasta ahora sí queda claro es que es un proceso tan vital como el propio acto de dormir, así que nadie puede decir realmente que “no sueña”; en todo caso lo que le ocurre a los que “no sueñan” es que duermen tan bien que al despertar no recuerdan lo que soñaron. Y yo soy uno de esos, por fortuna, pero a veces, cuando los días son especialmente estresantes, sí que recuerdo.

En los días estresantes también suelo tener episodios de insomnio. Puede parecer contradictorio que alguien que dice dormir tan bien diga padecer insomnio igual, pero es cierto. Esta noche, por ejemplo, no puedo dormir. Pero es más exacto decir que esta noche estaba dormido y que estaba soñando y que mis sueños me despertaron. Y ahora ya no puedo dormir, o tal vez no quiera dormir, porque, hum, digamos que tengo miedo de cerrar los ojos de nuevo. Sí, suena ridículo, y me gustaría reírme también, pero…

Para todo el mundo el universo de los sueños casi siempre es fantástico, mágico, romántico, erótico, épico, etcétera. Con frecuencia para mí no es nada de eso. Como digo, pocas veces sueño, pero cuando lo hago es casi seguro que hay un… algo tratando de salir del piso, o mil millones de cucarachas trepándose a mi cama, o una jauría de perros persiguiéndome (bueno, dos o tres perros, pero arman un infierno, como si fueran cinco mil), o naves extraterrestres destruyendo la ciudad –créanme, esto no es ni remotamente igual de divertido que en las películas o los videojuegos–, o un cirujano loco a punto de abrirme o desmembrarme (jejeje, esto estuvo chistoso porque el cirujano resultó ser cirujana: una novia que tenía, y aunque al día siguiente estaba muerto de la risa, les aseguro que durante el sueño no), o alguien me encerró en un sótano que resulta ser una estación del metro que resulta ser un túnel madriguera de algo que resulta ser un… no sé qué que chilla y como que tose y sabe mi nombre y viene detrás de mí y yo no tengo piernas, o sí tengo pero no me responden y tengo que correr con los brazos…

Hoy abrí una puerta y estaba en el patio, desnudo en esta noche fría, y todo era igual excepto porque había sombras borrosas de gente o cosas a mi alrededor, y un ruido de fondo constante como el que hacen los caracoles cuando te los pones sobre la oreja, y las sombras se movían hacia mí tratando de… ¿advertirme?… y yo quería entrar en la otra puerta pero no podía avanzar, el aire era como gelatina y me empujaba de vuelta atrás… ¿Qué hay allá atrás… ? ¿Me quedé allá atrás…?

Uf. No quiero regresar a la cama.

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