“Empezó mordiéndose un padrastro, y terminó con un cadáver en su refrigerador”.

Esto (o algo muy parecido) lo leí hace años en la red. Era la primera frase de un cuento fantástico que, claramente, trataba sobre un caníbal. He olvidado los detalles del cuento y también el nombre de su autor; sólo recuerdo que la historia no me pareció realmente muy buena excepto por su frase inicial que, para mi gusto, era espectacular: resultaba una historia completa, de pe a pa, resumida en tres palabras (bueno, en doce palabras o por ahí, pero la idea es esa) y además tenía cierta belleza, tal vez como resultado de su sencillez y brevedad. La frase se me quedó grabada y desde entonces la uso como recordatorio y ejemplo de que (disculpen la cursilería), en efecto, el universo puede caber en una nuez.

El escritor mexicano Alberto Chimal ha probado a escribir historias cortísimas y las ha publicado en un librito llamado 83 Novelas. Yo he leído sólo algunas de ellas, pero (con el perdón de Chimal… o sin su perdón, no importa) hasta ahora no le he leído una tan atractiva como la que cito aquí.

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